REVISTA RITMO (Junio 2006)
Pedro González Mira

JORDI MASÓ: UNA DE LAS MÁS IMPORTANTES REVELACIONES EN EL SELLO NAXOS.

Jordi Masó es ya uno de los nombres ineludibles del pianismo español. De sólida preparación técnica, lo que más llama la atención en su modo de enfrentarse a los pentagramas es la musicalidad, su capacidad para anteponer la música a la ejecución musical pura. Se dice de los música-intérpretes que son como máquinas de gran precisión que, en demasiadas ocasiones, se muestran más preocupados por el funcionamiento del artefacto que por las consecuencias del mismo; más por la perfección técnica que por el mensaje. Nada que ver con Masó, y para darnos cuenta de ello -además de escuchar sus discos y sus conciertos- no hay más que leer esta entrevista; observar la inteligencia que encierra cada una de sus respuestas, opiniones que siempre tienen que ver más con la música misma que con las “cosas” que la rodean.
 Masó es un puntal del sello Naxos, que celebra este mes su 20 aniversario. Y RITMO ha querido traerle a la sección, un poco como muestra de la política que sigue el sello con los artistas españoles.

 

Nos gustaría que nos hablara un poco del inicio de su carrera; de sus profesores y de las influencias  que haya podido recoger, aun indirectamente, de otros pianistas.

Tuve un inicio bastante autodidacta, por desgracia: no fue hasta mi encuentro con Josep Mª Roger, profesor del Conservatorio de Granollers y en la actualidad excelente fortepianista, que empecé a tomarme en serio lo de estudiar piano. Josep Mª Roger me tranmitió en sólo dos años una buena base técnica para poder salir adelante: siempre digo que probablemente soy pianista gracias a él. Después estudié cuatro años en la Escola de Música de Barcelona con Albert Attenelle, que es uno de mis pianistas españoles preferidos, y luego me fui a Londres a la Royal Academy of Music. Allí estudié con la pianista rusa Nelly Akopian y con Christopher Elton, un muy buen  profesor, pero por encima de todo creo que la influencia más determinante en los cuatro años que viví en Londres fue la ciudad misma, con su frenética actividad cultural -hoy sigue siendo una de mis ciudades favoritas.

 

Usted toca solo, fundamentalmente, pero sabemos que también le interesa la música de cámara. ¿Con quién o quiénes ha formado grupo y qué repertorio tocan?

Hice muchísima música de cámara antes de cumplir los 20 años gracias a que en la escuela de Barcelona era asignatura obligatoria. Así pude conocer gran parte del fantástico repertorio camerístico, especialmente los trios, pero también las sonatas con violín y con violoncelo (y gracias a ello he tocado prácticamente todas las obras de cámara de Brahms y una buena parte de las de Beethoven). También desde muy joven formé un dúo con el flautista Xavier Relats (en la actualidad solista de la orquesta Pablo Sarasate de Pamplona), con quien sigo tocando de vez en cuando. La lista de músicos con los que tuve el gusto de tocar sería muy larga, ya que en realidad cuando empecé a dar conciertos actuaba más como pianista de música de cámara que como solista. Con el tiempo me ha acabado interesando más el inmenso repertorio que existe para piano solo, pero volver de vez en cuando a la música de cámara siempre es un lujo.

 

Más de un compositor le ha dedicado música. ¿Podría hablarnos de esos encargos y de cómo fueron sus estrenos? ¿Ha grabado alguno de ellos o tiene en proyecto hacerlo?

Siempre he tenido un gran interés y curiosidad por la música contemporánea, pienso que el siglo XX ha sido la época más fascinante de la historia de la música: ¡hay tanta variedad de estilos y lenguajes! Algunas de las músicas que más me han atraido recientemente fueron escritas en los últimos diez o quince años. Como intérprete es un reto -y una gran responsabilidad- afrontar una partitura nueva, descubrirla y hacerla escuchar al público por primera vez. Además está la posibilidad de poder consultar con el propio compositor la interpretacion de su pieza (sería fantástico poderlo hacer con Chopin o Beethoven, ¿no?); el contacto con el compositor es un aspecto muy interesante al que los músicos “clásicos” no estamos habituados. Por ejemplo el año pasado grabé un CD titulado In memoriam Homs (que publicó el sello “Anacrusi”) que incluía piezas para piano muy breves que encargué a veinte compositores españoles para homenajear a Joaquim Homs en su centenario. Fue una experiencia extraordinaria: cada compositor escribió su pieza con su propio lenguaje pero haciendo alguna referencia a Homs (ésta era la única condición, junto con la duración, que no debía sobrepasar los tres minutos), y el resultado fue un disco muy unificado pero a la vez de una gran variedad (incluso yo mismo me atreví a componer un modesto homenaje…). Luego fui estrenando todas esas piezas en diversos conciertos.

 

Desde hace más de 10 años es usted miembro del grupo Barcelona 216. ¿Qué actividad tiene el grupo en estos momentos?

Actividad no nos falta: somos grupo residente en el Auditorio de Barcelona, donde tocamos regularmente programas con obras tanto de compositores actuales tan importantes como Lindberg, Harvey, Saariaho, Reich, Adams, Benjamin, Andriessen, como también clásicos del siglo XX (Messiaen, Schoenberg, Eisler). También nos interesa difundir la música de los buenos compositores catalanes: hace unos meses dedicamos unos conciertos a la obra de Joan Guinjoan y a la de David Padrós, y para Septiembre grabaremos un CD monográfico con música de Benet Casablancas, uno de los compositores actuales que más admiro.

 

Piano a solo, música de cámara, música de vanguardia… y también la enseñanza. Usted ejerce en Granollers, la ciudad donde nació, y en la Esmuc (Escuela Superior de Música de Cataluña) ¿Cómo ve la enseñanza musical, y más concretamente la del piano, en España?

La enseñanza musical creo que está mejorando mucho. Ahora ya no es indispensable ir a estudiar fuera de España para tener una educacion musical completa; aunque siempre es interesante para un artista conocer otras realidades, y salir fuera del país supone una experiencia enriquecedora que yo aconsejaría a todos los estudiantes. En cambio la situación de la enseñanza musical en las escuelas me temo que sigue siendo por lo general muy pobre, con lo cual tenemos una situación delicada: ha mejorado la enseñanza para futuros músicos, pero no se está formando al público de mañana fomentando el conocimiento de la música en los niños. ¿Quién irá a los conciertos en el futuro? Para mí, tan importante es crear músicos profesionales como crear oyentes.

 

Si le parece, podemos comenzar a hablar de sus grabaciones para Naxos. Usted ha grabado la obra para piano de Gerhard, un músico reconocido pero, creemos, no conocido. ¿Cómo enclavaría el piano de Gerhard en su Obra? ¿Le parece una música difícil? ¿Cómo la encuadraría estilísticamente?

¡A mí siempre me ha parecido que Gerhard fue el compositor español más importante del siglo XX! Cuando grabé en 1993 su integral de piano -mi primer disco-­ Gerhard era prácticamente desconocido en nuestro país (mientras curiosamente en Inglaterra era una eminencia). En 1996, coincidiendo con el centenario de su nacimiento, hubo un resurgimiento y se publicaron bastantes discos con una buena parte de su música; pero ahora me temo que ha vuelto a caer en un cierto olvido, aunque se siguen programando con asiduidad sus últimas obras para conjunto instrumental (especialmente su extraordinario tríptico astrológico Leo, Libra, Geminis). El piano fue muy importante para Gerhard, de hecho lo incluyó en todas sus obras orquestales como un instrumento de percusión más. Su obra para piano solo no es muy abundante, pero resulta tan atractiva y accesible que me sorprende que no haya tentado a más pianistas: escribió 2 Apuntes en los años veinte, dos miniaturas muy cercanas a las sonoridades de Scriabin, dos suites muy brillantes de inspiracion nacionalista -Soirées de Barcelona y Danzas de Don Quijote-, y finalmente 3 Impromptus que consiguen fundir con éxito una estricta escritura dodecafónica con melodías y ritmos andaluces (una mezcla sorprendente ¡y un tanto explosiva!).

 

Otro tanto le preguntaría acerca de la música de Joaquim Homs, que también ha abordado para Naxos.

Homs es una figura muy singular en la música española, un compositor independiente que vivió ajeno a las modas: fue indiferente a la influencia francesa dominante en la música catalana del siglo XX y tampoco le atrajeron los experimentalismos, y acabó siendo uno de los pioneros del dodecafonismo en España. Su obra para piano es muy extensa y significativa: la grabé en tres discos para Marco Polo (el sello hermano de Naxos), más un cuarto que publicó Naxos el pasado mes de Abril que incluye el Concertino para piano y orquesta de cámara -una pieza curiosa que nunca se tocó en vida del compositor (y que estrenamos en Abril en el Auditorio de Granollers). Otro compositor importante del que también grabé dos discos para Marco Polo es Josep Soler, de quien quizá a muchos sorprenderá saber que es el autor catalán con más obra para piano. Su música es oscura y de una gran intensidad expresiva (sus 12 Nocturnos me parecen particularmente atractivos).

 

Es sorpredente que tras escuchar Mompou a Alicia de Larrocha, al mismo Mompou o, sobre todo a Josep Colom, a uno todavía le queden ganas de seguir descubriendo cosas en otras interpretaciones. Sin embargo, en la grabación que ha hecho usted, sucede; en ella hay muchas cosas diferentes, nuevas. ¿Podía hablarnos de ella, de la manera en que aborda el piano del gran Federico?

Empecé a tocar Mompou a los 15 años (algunas de las Canciones y Danzas y las Escenas de niños), así que cuando grabé los discos entre 1997 y 2000 ya llevaba  tiempo familiarizado con ese lenguaje… En realidad tengo la sensación de que esta música todavía está madurando en mi interior, ya que sigo tocando Mompou a menudo en mis conciertos. Me parece que ahora lo interpreto de manera bastante diferente a como lo grabé, aunque creo que aquellas siguen siendo versiones válidas (¡o eso espero!). La cuestión es que no hay versiones definitivas y la interpretación de una obra siempre está en constante evolución: un disco no es más que la plasmación de esa evolución en un determinado momento. Recuerdo que cuando empecé la integral tenía claro que no quería que el punto de partida de mi interpretación fueran los discos grabados por el propio Mompou sino la partitura escrita. Sus grabaciones son interesantísimas y fascinantes, pero, a mi modo de ver, imitarlo es un error: ¡él mismo admitía que nunca tocaba una pieza dos veces de la misma manera! En mis discos intenté no caer en ciertos  manierismos que tan auténticos suenan cuando vienen de Mompou y tan postizos cuando los adopta otro artista: procuré evitar el exceso de rubato que puede desfigurar la dirección y el sentido de las frases, no abusar de la desincronización de las manos típica del Mompou pianista (y de la cual él no siempre era consciente), y tuve presente un consejo que daba el compositor para tocar su música: los pianos deben ser sonoros y los fortes no forzados.

 

Ha comenzado una integral Joaquín Turina. ¿En cuánto tiempo está proyectado su desarrollo? A su juicio, ¿cuál es la cumbre del pianismo turiniano?

Planteé a Naxos la posibilidad de un disco con una selección de música de Turina que tenía en repertorio. La respuesta de la discográfica fue que o todo o nada, así que decidí lanzarme a la aventura de la integral, y no me arrepiento ya que he ido descubriendo -confieso que con cierta sorpresa- a un compositor excelente. Creo que a menudo se trata a Turina con condescendencia, contrastando la aparente superficialidad y ligereza de su música con la profundidad y rigor de su amigo Manuel de  Falla. No lo veo así: Turina era un músico de una solidísima formación y todas sus obras están impecablemente escritas. El problema es que fue un compositor muy prolífico, y por lo tanto irregular -aunque también es un reto para un intérprete enfrentarse a las obras menos afortunadas y volverlas interesantes. Quizá también le faltó ambición: en su catálogo no hay una Iberia o unas Goyescas o una Fantasía Bética, prefirió las formas breves, pero yo no dudo en considerar obras maestras equiparables a las de sus ilustres compatriotas la suite Sevilla op. 2 (¡su milagrosa primera obra para piano!), las conocidas Danzas fantásticas pero también las desconocidas Tres Danzas Andaluzas op. 8, la impresionante Sonata Sanlúcar de Barrameda, o la primera serie de Mujeres Españolas. El proyecto contempla la grabación de un disco al año, el cuarto volumen -dedicado a las colecciones de Niñerías y otras piezas inspiradas en el mundo de los niños- saldrá al mercado en Julio, y el quinto volumen lo grabaremos en Octubre (contiene otra obra interesantísima, los Cuentos de España).

 

También ha hecho Donostia. ¿Cómo enclavaría esta música en su contexto?

El Padre Donostia utiliza a menudo melodías populares vascas, a las que da un tratamiento armónico impresionista, muy sugestivo y nada alejado de la estética de Mompou. El disco de la integral de piano solo de Donostia fue un encargo de Naxos, como también lo fueron los que dediqué a obras del italiano Mario Castelnuovo-Tedesco y del francés Déodat de Severac. En los tres casos se trataba de compositores que me eran bastante desconocidos: es sabido que el repertorio de piano es tan inmenso que una vida no es suficiente para abarcarlo y conocerlo, pero una de las satisfacciones mayores para un músico es descubrir bellezas como Cipressi o Il raggio verde de Castelnuovo-Tedesco o algunos de los Preludios Vascos de Donostia y compartirlas con el público.

 

Bien. Pasemos a otros temas. ¿De los directores con los que ha trabajado hasta ahora, de cuál guarda mejor recuerdo?

Guardo buen recuerdo de muchos directores y en general suelo entenderme fácilmente con ellos. El problema de tocar con orquesta es la falta de ensayos, me temo que esta es una queja habitual…

 

Una pregunta difícil, la de la isla famosa: ¿sus tres músicas para piano indispendables?

¡Una pregunta de imposible respuesta! Yo sería muy infeliz en una isla con sólo tres músicas, teniendo que renunciar a otras: una música abre las puertas a otras, y parte del placer de disfrutar de una música es el anticipo de futuros placeres por descubrir. Pero puestos a mencionar tres títulos indispensables me quedaría con el Clave Bien Temperado de Bach, las 32 sonatas de Beethoven y las últimas colecciones de piezas de Brahms desde la op. 116 a la op. 119 (las tres “bes”: no soy muy original).

 

¿Escucha usted música? ¿otros géneros diferentes al piano? ¿le gusta el jazz u otras músicas urbanas?

Sí escucho música, aunque no siempre en las mejores condiciones acústicas (en el coche, o con auriculares viajando…). Y naturalmente no sólo escucho piano: me encanta la música sinfónica y soy un fanático de los cuartetos de cuerda, escucho mucha música contemporánea y tengo una especial predilección por música de compositores infrecuentes de todas las épocas. El jazz me interesa, aunque quizá más como influencia en los compositores clásicos que como estilo musical en sí mismo. La música comercial me deja indiferente.

 

Cómo prepara usted una obra. La aprende primero mecánicamente y luego introduce el concepto, su mensaje interpretativo personal, o es todo una misma cosa.

No es aconsejable aprender una obra de arte “mecánicamente”: desde un primer momento hay que intentar hacer música ante una partitura, y reservar el trabajo mecánico para Czerny o para los ejercicios de escalas y arpegios. Por otro lado pienso que no debe haber un mensaje interpretativo personal: aún aceptando que un mismo texto puede interpretarse de infinitas formas, uno acaba tocando la música de la mejor manera que cree posible, la que más fielmente refleja la partitura, la que surge con más naturalidad. La personalidad del músico se plasmará inevitablemente de manera inconsciente a medida que se vayan tomando decisiones interpretativas, pero a mi juicio un intérprete nunca debe entrometerse en el mensaje del compositor (en general no me gustan los pianistas que anteponen a toda costa su personalidad a las intenciones del compositor).

 

Hay pianistas que estudian practicando sin una partitura, y otros para los que conservar un buen estado de dedos pasa por practicar sobre determinadas obras. ¿Cómo lo hace usted?

No tengo una rutina. Cuando dispongo de tiempo me gusta trabajar cuestiones técnicas específicas (escalas, arpegios, etc.) aunque siempre al margen del trabajo musical. Sin embargo en ocasiones debo preparar mucho repertorio en poco tiempo, y evito los ejercicios mecánicos para pasar directamente a estudiar la música.

 

¿Qué pianistas, en general,  admira usted más? ¿Y españoles?

Hay muchos pianistas del pasado que admiro: Rubinstein, Gieseking, Kempff, Michelangeli, Richter…De la época más reciente uno de mis favoritos es Murray Perahia (me parece inigualable tocando a Bach, Mozart o Beethoven), y me gustan mucho Radu Lupu, Baremboim, Brendel…De la generación más joven, Marc-André Hamelin o Stephen Hough, dos pianistas que se adentran en territorios inexplorados del repertorio, me parecen impresionantes (aunque quizá no sean lo conocidos que debieran en nuestro país). Y me atraen mucho también los pianistas que saben crear programas interesantes, variados -pero lógicos- combinando música contemporánea con obras de otras épocas (como el francés Aimard o el gran Pollini). Entre los españoles Alicia de Larrocha, por su enorme inteligencia, es naturalmente una artista de referencia para cualquier músico del país. Josep Colom ha sido siempre uno de mis favoritos y también tengo admiración por Albert Attenelle, un pianista fabuloso.

 

Usted es catalán, y hay una parte de este pueblo que practica un ideario fuertemente nacionalista. ¿Hay una música catalana nacionalista? ¿En qué período histórico cree que ha podido tener más fuerza y, también, más calidad?

En Cataluña tenemos muy buena música inspirada en el folclore, una buena parte escrita para la cobla, la curiosa formación de instrumentos de viento con que se bailan las sardanas (y que ha tenido a grandes autores como Garreta, Morera o Serra). Y la sardana ha tentado a compositores de la talla de Toldrà, Granados, Albéniz, Montsalvatge, Mompou, Gerhard, Homs…Creo que los primeros años del siglo XX -hasta la guerra civil- fue una época muy rica en la vida musical de Barcelona; precisamente el próximo Octubre, Naxos publicará un CD titulado “Catalan Piano Album”, un disco de “propinas” que seleccioné del repertorio catalán -principalmente de las primeras décadas del siglo XX- con algunas joyas que estoy seguro que sorprenderán a más de un melómano.

 

Le interesa el acompañamiento liederístico? ¿Lo ha practicado?

He acompañado lied esporádicamente, y de hecho me encanta, aunque creo que para hacerlo bien es necesaria una especialización: conocer bien los poemas, dominar las lenguas, incluso saber de técnica vocal.

 

¿Le parece que para un pianista es importante escuchar mucho Canto? ¿Usted lo hace?

Es tan importante escuchar a buenos cantantes como lo es escuchar a buenos volinistas, buenos cuartetos de cuerda o buenas orquestas. En general no creo en el mito de intentar imitar a la voz humana tocando un instrumento, quizá sí en determinadas músicas (en los momentos más líricos de Chopin, por ejemplo, que sí están inspiradas en el bel canto), pero me inspira más acercar el piano al sonido orquestral (a menudo me veo imitando a la sección de viento tocando las sonatas de Mozart, o la de cuerdas en los pasajes más densos de Brahms).

 

Para finalizar: ¿nos podría hablar de sus proyectos más inmediatos, tanto de actuaciones en vivo como de grabaciones discográficas?   
 
Este año estaré muy ocupado con un concierto titulado “Claro de lunas”, con  una selección de músicas españolas y francesas (compositores como Mompou, Turina, Debussy, Fauré entre otros). Se trata de un espectáculo muy innovador que hemos diseñado con Pep Bou, un artista de las pompas de jabón, que estrenamos con éxito en el auditorio de Girona y que repetiremos en muchas ciudades españolas y francesas. Además a partir de Septiembre interpretaré por varios auditorios un nuevo programa de los que me gustan a mí -mezclando música contemporánea con obras de épocas anteriores- con música inspirada por el mundo de los niños (y que enlazará a Schumann con Benet Casablancas), y que servirá también para presentar el cuarto volumen de la integral Turina (que incluye sus Niñerías). En cuanto a los discos grabaré para Naxos música de violín y piano de Turina con la violinista canaria residente en Nueva York Eva León, además del volumen 5 de la integral pianística.                


TORNAR