Las sardanas de Josep Mª Ruera

Josep Mª Ruera nació en Barcelona en el año 1900, y en el 1909 se trasladó a Granollers, donde residiría hasta su muerte en el año 1988. Fue alumno de composición de Enric Morera y de orquestación de Joan Baptista Lambert y Joan Lamote de Grignon. Desde el año 1928 desarolló una importante labor pedagógica en la Escola de Música de Granollers, de la que fue director entre 1945 y 1983. El catálogo de su obra, en buena parte dedicada a la música para cobla, presenta un total de cincuenta y seis sardanas. Esta edición reúne una selección de estas sardanas -junto con la Glossa de l’antic Ball de les Donzelles de Granollers- en las versiones que el propio compositor escribió para piano. Excepto Tocs de festa y La verge catalana, las obras recogidas en este volumen en origen no fueron concebidas para ser interpretadas con un piano, ni el compositor manifestó intención alguna de publicarlas en esta versión: probablemente la reducción pianística servía a Ruera sólo como esbozo para la posterior instrumentación. No obstante, se trata de versiones muy “pianísticas”, muy bien escritas para el instrumento, y que raramente caen en el característico barullo en que incurren tantas reducciones orquestales. Sólo en algún pasaje de las sardanas más complejas (como en el Tríptic laietà) el compositor pone al pianista al límite de las posibilidades de su instrumento. Los manuscritos presentan, además, indicaciones muy precisas sobre el uso del pedal, de lo cual puede deducirse que Ruera escribía las versiones de piano para que fueran tocadas (o, por lo menos, tocables).

Las sardanas de Josep Mª Ruera son de una ambición musical infrecuente en el género aunque, pese a sus virtudes, a menudo fueron recibidas con reticencias por aquellos que sólo buscaban en la música de cobla un mero acompañamiento para los bailes sardanísticos. Músico de una formación sólida, Ruera quería seguir el ejemplo de compositores como Garreta, Toldrà o Morera y escribir sardanas de calidad. Paradógicamente, a pesar de haber sido galardonadas con una veintena de premios, las sardanas de Ruera son todavía hoy inhabituales en los repertorios de las coblas, quizá a causa del considerable virtuosismo técnico que exige de los instrumentistas. Gracias a estas versiones para piano, el aficionado podrá descubrir los elementos más característicos de la música del compositor: su facilidad melódica, la extraordinaria riqueza armónica, la densidad y sabiduría contrapuntística de algunos fragmentos, y la sofisticación rítmica: Ruera siempre aportaba soluciones rítmicas originales e imaginativas a sus sardanas (raramente recurría al distintivo ritmo sardanístico de “negra-dos corcheas”). Los pianistas tienen ahora a su alcance un repertorio nuevo para explorar, y esperamos que esta edición anime también a las coblas a aventurarse en las maravillas de esta magnífica música.

Tocs de festa es una sardana escrita entre los años 1927 y 1930. Respondiendo a un encargo de la Associació Catalana de Compositors, el propio compositor realizó una versión de concierto para piano en el año 1981. Compuesta según confesión del propio Ruera como un homenaje a Stravinsky, Tocs de festa (Toques de fiesta) es uno de los mejores ejemplos del estilo de Ruera durante su primera etapa compositiva (los años 20 y 30): una música virtuosística y luminosa, de una ”fuerza exultante” (según la acertada expresión del pianista Josep Mª Roger, uno de los primeros intérpretes de esta partitura), en ocasiones bastante disonante pero siempre dentro de un marco claramente tonal.

Compuesta en el año 1930, La Verge catalana (La Virgen catalana) era una obra especialmente querida por el compositor: de ella existe una versión para banda sinfónica del año 1934, otra para orquesta sinfónica con tenora del 1976 y la presente versión para piano escrita en los años 70 en homenaje al compositor Frederic Mompou. El manuscrito de la partitura de piano presenta una curiosa “descripción poemática de la obra” donde Ruera explica que “al escribir esta sardana, el compositor estaba bajo la influencia de las impresiones recibidas durante una reciente estancia en Montserrat. Las primeras cuatro notas de la Salve montserratina inician este pequeño poema musical y sirven de nexo conductor a través de toda la primera parte de la obra (cortos), expresión musical de las emociones despertadas por la simbólica belleza de Montserrat”. A continuación Ruera explica que la segunda parte (los “largos”) describe la “majestuosidad estática de las colinas”, el canto “ágil y gracioso de los componentes de la célebre Escolanía montserratina” y la “visión de una pareja de enamorados que va a postrarse ante la Moreneta”. Hombre de profundas convicciones religiosas, Ruera encontró en la montaña de Montserrat una importante fuente de inspiración: su catálogo también incluye títulos como las sardanas “Pregària Montserratina” o “Romeria a Montserrat”, y el poema coral “Montserrat, la invenció de la Verge”. La Verge catalana, galardonada con el Primer Premio en el Concurso convocado por la Juventud Hotelera con motivo de la Exposición Universal de 1929, es una de las sardanas más notables de Ruera: el motivo inicial de las cuatro notas de la “Salve” está presente, ya sea citado literalmente o sutilmente transformado, en cada uno de los temas que constituyen la sardana, dando unidad motívica a la pieza.

Escrita en el año 1931, Empúries, la grega (Empúries, la griega) es una sardana muy significativa de Ruera, puesto que fue el origen del segundo de los “Tres moviments simfònics per a banda”, obra que fue seleccionada para ser estrenada en el prestigioso Festival de la SIMC (la Sociedad Internacional de Música Contemporánea) celebrado en el año 1936 en Barcelona. Posteriormente, en 1971, una revisión de los “Tres moviments simfònics” daría lugar a los cuatro poemas sinfónicos “Empúries” escritos para orquesta y cobla, considerada la obra maestra de Josep Mª Ruera. “Los motivos generadores de esta obra están inspirados en la contemplación y análisis del “melos” de la Grecia antigua”, explica el compositor en el “prólogo” incluido en el manuscrito de los cuatro poemas sinfónicos “Empúries”. “Las contadas melodías que hasta ahora se han podido descubrir de ese tiempo lejano sugirieron al compositor de Empuries la realización de esta obra, concebida pensando en el sistema modal griego, adaptado a los instrumentos y el gusto modernos. Los tetracordes y pentacordes de dichas modalidades son las células en las que se basa la obra. El sentido descendiente de la cadencia, la prioridad armónica de las notas extremas de los tetracordes, y los desplazamientos de éstos a diferentes alturas acústicas, hacen que no se pueda precisar (salvando algún momento oportuno) el clásico concepto de una tonalidad determinada, lo que conlleva, dentro del funcionamiento contrapuntístico, a una música naturalmente intertonal o atonal”. La sardana Empúries, la grega tiene el mérito de ser lo que, parafraseando al escritor ruso Vladimir Nabokov, podríamos denominar “primera palpitación” de los cuatro poemas sinfonicos “Empúries”. En realidad, la primera parte (los “cortos”) y una buena parte de la segunda son prácticamente idénticas al segundo poema de “Empúries” (titulado “Dansa en cercle”, “Danza en círculo”), aunque desde todos los puntos de vista ésta es una versión menos madura y trabajada que la posterior versión orquestal, aún manteniendo la extraordinaria energía de las obras juveniles de Ruera.

El Tríptic laietà (Tríptico layetano) es un conjunto de tres sardanas que deberían considerarse la aportación más significativa de Josep Mª Ruera a esta danza. Escrito en el año 1970, el “Tríptico” ganó el Premio “Ciutat de Barcelona 1970” en la categoría de música para cobla (la tercera sardana del tríptico, Barcelona-La muntanya, obtuvo además el Premio de la Crítica “Sardana del Año 1972”). Son tres sardanas de una riqueza armónica y una densidad contrapuntística extraordinarias, y que tienen su origen en la escritura virtuosística de Juli Garreta o Enric Morera, compositores muy admirados por Ruera. Reflejo musical de la ciudad de Barcelona, cada sardana del “Tríptico” presenta puntualmente algunos elementos descriptivos: la evocación de los cláxones y del bullicio del tráfico en Barcelona-La ciutat (Barcelona- La Ciudad), las sirenas de los barcos en Barcelona-El port (Barcelona- El Puerto) -una de las sardanas más líricas del compositor, en la que aparece, significativamente, un ritmo de habanera en los “largos”- y las resonancias de los ecos en Barcelona-La muntanya (Barcelona-La Montaña). Pero lo que en verdad maravilla de las tres obras es el rigor de la sustancia musical: cada sardana se basa en un motivo muy simple a partir del cual el compositor extrae los temas que conforman la pieza. En Barcelona-La ciutat el motivo lo constituyen las tres notas (fa-mi-do) que escuchamos en el primer compás. En Barcelona-El port la célula principal la forman cuatro notas (sol-fa-sol-re), que dispuestas en retrogradación formarán el motivo fundamental de Barcelona-La muntanya (re-sol-fa-sol), como revela el sujeto del “fugato” que inaugura los “largos” de esta tercera sardana, motivo que ya aparece, aunque ligeramente transformado, en su evocador inicio. La utilización de motivos comunes unifica el “Tríptico” y lo eleva a una dimensión superior, haciendo de esta obra una de los hitos de la literatura sardanística de todos los tiempos.

Ones plàcides a Lloret (Olas plácidas en Lloret) está fechada en el año 1977 y consiguió el Primer Premio en el IX Concurso Musical “Sardanas en Lloret”. Escrita en la tonalidad de “la bemol mayor” –muy inusual en una sardana- esta es una obra de gran lirismo, y de claras intenciones descriptivas, como pone de manifiesto el contínuo movimiento de corcheas que evoca musicalmente el vaivén de las olas del mar. La sección de los “cortos” pronto modula al más convencional tono de “do menor”, que será el que finalmente domine la pieza hasta el final.

También en el año 1977 escribió Josep Mª Ruera A l’entorn de la Porxada (Alrededor de la Porxada), una de sus obras más notables, y que ganó el Tercer Premio en los Premios Joaquim Serra 1977. Esta es una sardana de una gran originalidad contrapuntística: cada nuevo tema aparece combinado, sobrepuesto simultáneamente, al tema anterior, en una muestra más del ingenio y la habilidad contrapuntística del compositor. Así el heroico tema inicial, constituido por un arpegio ascendente (re-fa-la-re), se convierte en acompañamiento de la lírica melodía de los “largos”, melodía que a su vez actuará poco después de acompañamiento del humorístico tema que preside la desenfadada sección final de la sardana.

Esplai (Diversión), del año 1978, no parece ser una sardana demasiado apreciada por el compositor, quien escribió en la portada del manuscrito con letra bien clara: “no me gusta”. A pesar de ello no nos hemos podido resistir a incluirla en esta edición por la originalidad de la sección de los “cortos”: una fuga estricta a cuatro voces, con sus preceptivos sujetos, respuestas y contrasujetos, ejemplo de cómo Ruera era capaz de integrar en sus creaciones sardanísticas recursos musicales más propios de otros géneros musicales.

La sardana Roser Pujades fue compuesta en el año 1982, y obtuvo el Primer Premio en el Concurso de Composición de Sardanas de Radio Miramar ese mismo año. El manuscrito original muestra la dedicatoria: “Roser Pujades: profesora de Enseñanza Media. Fe en Dios y servicio al prójimo hasta su muerte ocurrida en plena juventud”. Roser Pujades es otra sardana en la que a partir de un material muy simple, el compositor sabe extraer una obra de proporciones casi heroicas. El propio Josep Mª Ruera comentaba que “el tema principal de esta sardana está formado por las primeras notas del “Crec en Déu”(“Creo en Dios”) popular de Mn. Lluís Romeu”. Así como en “La verge catalana” (escrita más de cincuenta años antes) el compositor manipulaba las cuatro primeras notas de la “Salve” de Montserrat, en esta sardana el breve motivo principal -también de sólo cuatro notas- aparece durante toda la obra, transformado por aumentación y por disminución, ya funcionando como acompañamiento o bien como melodía principal, cohesionando el discurso musical.

También Riells del Fai fue escrita en el año 1982 y es una de las postreras sardanas de Ruera (la última sería “Tot teixint” -“Tejiendo”- de 1983). Galardonada con un accésit en los Premios Joaquim Serra 1982, Riells del Fai es, a pesar de su aparente inocencia, una de las piezas más ingeniosas y desenfadadas del autor -¡y una obra de una prodigiosa vitalidad en un compositor de más de ochenta años!. Se trata de una sardana casi monotemática, que comienza con una melodía sin acompañamiento, de carácter popular, que se repite con un descarnado y decididamente grotesco contrapunto de octavas (insólito en un compositor más propenso a armonizaciones llenas y de mayor densidad). La parte de los “largos” se inicia con una pequeña variación burlesca de la melodía inicial, a la que sigue un pasaje más lírico -que incluye algunas imprevisibles y deliciosas modulaciones. La parte final es dominada por un tema aparentemente nuevo, pero que en realidad es una transformación de la melodía simple del principio de la obra, en un ejemplo excelente de cómo Ruera modificaba los mismos materiales para obtener apariencias muy variadas.

Finalmente, la Glossa de l’antic Ball de les Donzelles de Granollers (Glosa del antiguo Baile de las Doncellas de Granollers) fue escrita en 1976 y de ella comentó el compositor: “El Ball de Donzelles de Granollers es una antigua tradición granollerense iniciada en 1547 con la constitución de una cofradía destinada a auxiliar con ropa y mobiliario a las “Doncellas para casar”. Un día al año (el de la festividad de su celestial Patrona), las “doncellas para casar”, del brazo de sus novios, después de la ceremonia religiosa, acompañadas de un corro infantil y de las autoridades municipales, se dirigían en ceremoniosa procesión a la Plaza Mayor, donde se danzaban unos bailes, cuya música era interpretada por “ministrers”, músicos municipales. Con la disolución de la cofradía perduró la fiesta popular, que, trasladada al martes de carnaval, se trasformó en una fiesta para los niños, pero que conservó el nombre de “El ball de les Donzelles” hasta 1936. No hay ninguna prueba de qué música se interpretaba en los orígenes de esta tradición, pero desde hace un par de siglos se han venido tocando las melodías que el autor ha recogido para esta Glosa y que corresponden a los diferentes momentos de la antigua danza: “Marcha procesional”, “Baile primero”, “Baile segundo”, y “Retorno”. El autor de la presente Glosa ha procurado aproximarse a la armonización tradicional para, después, hacerlo libremente en los desarrollos, teniendo en cuenta las posibilidades técnicas de las coblas de los tiempos presentes. Fiel a su origen, esta Glosa puede ser adaptada a la coreografía. El autor ha procurado que esta obra tanto en armonía como en orquestación se adapte lo más posible al carácter antiguo de la misma”. La Glossa fue premiada en el Concurso Internacional de Música para cobla de la Caixa Postal de Estalvis, en una edición en la que se homenajeaba a Pau Casals.


Jordi Masó
Noviembre de 2007


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