La música de "El Pianista" de M. Vázquez Montalbán

Como el protagonista de la novela "El Pianista", los cinco compositores reunidos en este espectáculo vieron sus carreras interrumpidas con el estallido de la guerra civil española. Robert Gerhard (1896-1970), que había estudiado con Schoenberg en Viena y Berlín y llevaba a cabo una importante labor formando parte del Consell de la Música de la Generalitat de Cataluña, tuvo que exiliarse a Inglaterra donde pasaría serias dificultades económicas (los honores y el reconocimiento no llegarían hasta los años 60). Ricard Lamote de Grignon (1899-1962) fue encarcelado cuando las tropas franquistas ocuparon Barcelona; después de pasar cuarenta días encerrado acabó salvando la vida, pero tanto él como su padre -el ilustre director y también compositor Joan Lamote de Grignon- fueron apartados de los cargos públicos y sus obras fueron prohibidas (sólo encontrarían trabajo en Valencia, donde padre e hijo fueron contratados como directores de la recién creada Orquestra Sinfónica: estuvieron allí cinco años). También fue encarcelado Josep Mª Ruera (1900-1988), acusado de ser un colaborador de los nacionales en el año 1938. Pocos días antes, la esposa de Ruera había muerto durante los bombardeos de Ganollers el 31 de Mayo de 1938, dejándolo viudo y con cuatro hijas. La crisis bélica también afectó profundamente la fábrica de rollos de pianola de la familia de Manuel Blancafort (1897-1987). Cuando cerró la fábrica, Blancafort con once hijos que mantener, desempeñó diversos trabajos -representante de discos, vendedor de productos de perfumería- para acabar trabajando en una compañía de seguros. Frederic Mompou (1893-1987) comenzó en el año 1930 una crisis creativa que duraría toda la década. Había vivido en París veinte años y en 1941 volvía a Barcelona huyendo de la 2ª Guerra Mundial.

La tragedia y la agitación de aquellos años está presente en los "3 Preludis a l´amic absent" ("3 preludios al amigo ausente") de Ricard Lamote de Grignon. Escritos en 1935, el compositor los dedicó a Ventura Gassol, "conseller" de cultura de la Generalitat durante la República, que tuvo que exiliarse. En esta obra oscura y pesimista el compositor parte de un reto insólito: utilizar en cada preludio sólo siete notas de las doce posibles. El experimento, sorprendente en el ambiente conservador que predominaba en la creación musical en Cataluña, es plenamente afortunado: el oyente no percibe en ningún momento la limitación autoimpuesta por el compositor; al contrario, la música es de una gran riqueza y presenta varias referencias a la música de Debussy y Scriabin, compositores admirados por Lamote de Grignon.

Josep Mª Ruera declaró en una ocasión que en su sardana "Tocs de festa" quiso homenajear a Igor Stravinsky. Como es sabido, en una visita a Barcelona, Stravisnsky elogió las sardanas de Juli Garreta, y Ruera siempre tuvo muy presente las palabras del compositor ruso. Así su ideal fue siempre "dignificar la sardana", es decir, escribir sardanas ricas desde un punto de vista musical, aunque despertaran suspicacias y un cierto recelo entre algunos bailarines que preferían sardanas más "bailables" y simples. Escrita en 1927, "Tocs de festa" es una de sus obras más extraordinarias: una música llena de sorpresas armónicas desde su inicio y de una "fuerza exultante" (como muy acertadamente la definió Josep Mª Roger, primer intérprete de la versión pianística).

"El carrer, el guitarrista i el vell cavall" ("La calle, el guitarrista y el viejo caballo") es la pieza que abre la suite "Suburbis" ("Suburbios"), una de las primeras composiciones de Frederic Mompou. Escrita en el año 1917, esta pieza brillante, de evidente intención descriptiva, ya muestra algunas de les características del arte de Mompou: refinamiento armónico, voluptuosidad sonora, ingenuidad, una cierta melancolía y una ligereza cercana a algunas de les célebres "Canciones y danzas". En cambio la suite "Charmes" (1920-21) representa la primera aproximación de Mompou al misticismo, que culminaría con su indiscutible obra maestra, la "Música Callada" (1959-1967), donde el compositor alcanza su ideal de buscar la máxima expresividad con mínimos medios, de ir a lo esencial, de eliminar lo superfluo, de la desnudez, de "recomenzar".

Manuel Blancafort, que fue amigo íntimo de Mompou, escribió la divertida "Polka del equilibrista" en 1920 y la va incluyó en la suite "El parc d´atraccions" ("El Parque de atracciones")(1920-24). La obra, editada en París por Salabert, significó el lanzamiento internacional de Blancafort cuando entró a formar parte del repertorio del insigne pianista leridano Ricard Viñes (uno de los mejores pianistas del momento, dedicatario de obras de Debussy, Ravel, Albéniz entre muchos otros). La Polka, muy cercana a Stravinsky y al universo del grupo "Les Six" (del cual eran miembros destacados Milhaud, Poulenc y Honegger), fue un "encore" habitual en los conciertos de Viñes.

La influencia de Stravinsky también es patente en el ballet inacabado "Soirées de Barcelona" (el musicólogo inglés Julian White lo definió como "la Petrushka catalana"). "Soirées de Barcelona" se basaba en textos de Ventura Gassol (el "amigo ausente" de Lamote de Grignon) sobre la fiesta de San Juan. El ballet nunca se estrenó a causa de la disolución de la compañía que había encargado la música a Gerhard, pero el compositor extrajo una suite orquestal y una para piano, en cuatro movimientos. La música mezcla ritmos populares (como el zorzico vasco en la Soirée nº2) con un tratamiento armónico colorista, disonante y, en ocasiones, descarnado.

Jordi Masó
Junio 2005

(Texto para el espectáculo "El pianista" basado en la novela de Manuel Vázquez Montalbán)

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