Música para orquesta de cámara de Joaquim Homs

Joaquim Homs nació en 1906 en Barcelona, donde estudió violonchelo y, de manera autodidacta, el piano y la composición. En 1931 conoció al compositor Robert Gerhard, de quien sería alumno hasta 1938. Gerhard, con quien Homs mantendría una larga amistad, había estudiado con Arnold Schoenberg en Viena y Berlín, e inició al joven Homs en el mundo de la música dodecafónica (aunque Homs no utilizaría este sistema de composición hasta los años 50). En aquellos años, la Barcelona republicana vivía momentos de gran esplendor musical, como lo demuestra la estancia de varios meses de Schoenberg en Barcelona (propiciada por el propio Gerhard) y la celebración del Festival de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea (SIMC) en 1936 (donde se estrenó el célebre Concierto para Violín "a la memoria de un ángel" de Alban Berg). La guerra civil española (1936-39) puso fin a esta época dorada de la música catalana y la dura posguerra dificultó mucho la difusión de la música que se hacía más allá de las fronteras españolas. Joaquim Homs, que había estudiado la carrera de Ingeniería, trabajaría toda su vida de ingeniero, aunque su producción musical nunca se resintió de esta doble faceta profesional y acabó siendo un compositor muy prolífico (¡su catálogo contiene más de 200 obras!). Su ingente producción puede dividirse en tres grandes períodos: un primer período hasta el año 1954, caracterizado por un considerable eclecticismo y por la búsqueda de un lenguaje personal; una segunda época empieza en 1954 con la adopción del sistema dodecafónico; el tercer gran período se inicia en 1967, año marcado por la muerte de la esposa del compositor, la pintora Pietat Fornesa, hecho que se manifestaría en muchas de las obras que compuso.

La Suite para piano op. 1, es la obra más temprana que nos ha llegado de Joaquim Homs. Escrita en 1921, cuando el compositor contaba 15 años de edad, constaba originariamente de seis piezas, de las cuales una de ellas quedó inacabada. La Suite nunca vió la luz en vida del compositor y, aunque se trate de una obra manifiestamente inmadura, permite entrever algunas de las características del Homs posterior: el intimismo, la sencillez, el lirismo, serán elementos habituales en su música, aunque aquí se presentan con un ropaje afrancesado, en ocasiones casi impresionista, siguiendo la tendencia dominante en otros muchos compositores catalanes del momento (no olvidemos que Frederic Mompou y Manuel Blancafort triunfaban en esos años en París, donde se editaban sus partituras).

Más personal, aunque todavía perteneciente a la primera época creativa de Homs, es el Concertino para piano y orquesta de cámara escrito entre 1946 y 1947. Al igual que la muy anterior Suite op. 1, el Concertino tampoco llegó a estrenarse nunca en vida del compositor. Escrito para la pianista belga Pauline Marcelle, quien había estrenado algunas obras para piano solo de Homs, la obra se divide en los clásicos cuatro movimientos, aunque su estructura no puede calificarse en absoluto de convencional. El primer movimiento, enérgico y contrapuntísticamente denso, funciona a modo de preludio, y no sigue la tradicional "forma sonata" ni tiene la ampulosidad que podría esperarse de un primer movimiento de concierto. El intenso segundo movimiento, Largo, verdadero eje central expresivo del Concertino, recurre contínuamente al canon, confirmando la impresión de que los dos primeros movimientos del Concertino no están lejos del espíritu de un Preludio y Fuga. El tercer movimiento sigue la forma de un scherzo beethoveniano, mientras el cuarto reúne el material de los movimientos precedentes, y, a pesar de la contundencia de la parte final -que incluye un elaborado fugato y algún tutti desmesurado-, el Concertino acaba con un acorde staccato enigmático y decididamente burlón.

Muy diferente es la suite "Entre dos líneas" escrita en 1948, sólo un año después del Concertino. Si éste presentaba texturas recargadas y con un complejo entramado contrapuntístico, en "Entre dos líneas" predomina la claridad, la transparencia y un cierto carácter "naïf", características quizás implícitas en el propio orígen de la suite: una colección de siete piezas fáciles para piano que Homs dedicó a su hija de diez años Pietat, que empezaba a estudiar ese instrumento. Siguiendo un proceso habitual en el compositor -que gustaba de transcribir algunas de sus obras pianísticas a diferentes formaciones instrumentales- en el mismo año 1948 hizo una atractiva versión para orquesta de cámara a la que añadió un movimiento más (la tercera pieza, un vals cuyo orígen es también otra pieza pianística de juventud, el breve "Vals de Suburbio" escrito en 1931). La versión orquestal acentúa el carácter neoclásico del original pianístico, acercándose al universo de Stravinsky (homenajeado explícitamente en la última pieza, "tempo di marcia"), aunque también es patente la influencia de Bela Bartók (en las piezas 2, 5 y muy especialmente en la 7) y los franceses de Les Six (en los dos "tempo di vals").

Entre las obras más significativas que figuran en el catálogo de Joaquim Homs encontramos los 8 cuartetos para cuerda, escritos a lo largo de un período de casi cuarenta años (el primero data de 1938 y el octavo de 1975). El Cuarteto para Cuerda nº3 fue escrito en 1950, y dos años más tarde revisó el segundo de sus tres movimientos para ser interpretado con una orquesta de cuerda titulándolo Adagio para cuerdas. Pieza extraordinariamente dramática, en la oscura tonalidad de si menor, muestra al Homs más expresionista y "vienés", aunque todavía ligado al uso de la tonalidad: faltaban unos pocos años para sus primeras obras dodecafónicas -la Polifonía para cuerdas de 1954 y la Sonata para piano nº2 de 1955- que abrirían un nuevo período creativo en el compositor. En el clímax del Adagio para cuerdas Homs se cita a sí mismo con su melodía "La pena de mi corazón" (1931), que forma parte del ciclo de canciones basado en poemas de Rabindranath Tagore "Pájaros perdidos", una de las obras más queridas por el compositor.

En 1954 Joaquim Homs inicia un nuevo período en su música, caracterizado por el uso de series dodecafónicas. El ciclo de lieder compuesto para voz y piano en 1962 "El caminante y el muro", basado en textos del poeta catalán Salvador Espriu, es, sin duda, una de las obras más sobresalientes de su producción. En "El caminante y el muro" convergen los elementos más característicos de la música de Homs desde los años 50: concisión, brevedad, texturas descarnadas, y un ideal de máxima expresividad conseguida con mínimos medios que le acercan a las aforísticas creaciones de Anton Webern. La serie de doce notas en que se basa toda la obra se presenta al principio (una serie peculiar, extraordinariamente lírica, formada sólo con intervalos de segundas y terceras) y cada una de las canciones desarrolla esta serie dándole una carácter muy diferente. La versión para voz y orquesta de cámara de esta obra la realizó Homs en 1976.

En 1967, con la muerte de la esposa del compositor, se abre una nueva etapa en la música de Homs, mucho más íntima, oscura y elegíaca, que, aunque seguirá utilizando el sistema dodecafónico, irá progresivamente incorporando acordes tonales. Los Dos Soliloquios de 1972 era una de las obras preferidas del propio Homs, como lo demuestran las múltiples versiones que realizó de la misma música. Según escribió el compositor "los 2 soliloquios fueron escritos inicialmente para piano, pero pronto sentí el deseo de desarrollar al máximo su expresividad tímbrica efectuando una serie de versiones para distintos instrumentos y conjuntos instrumentales, hecho que culmina con la pieza de orquesta". La versión del Soliloquio II para orquesta de cuerda fue compuesta en 1974.

A la misma época pertenece el Díptico I para piano, escrito en 1974 originalmente para clavicembalo, pero del que el propio Homs hizo una versión para piano. Se trata de dos piezas muy contrastadas: la primera -Adagio- presenta desde su inicio numerosos clusters disonantes que culminan en un violento clímax. La segunda pieza -Allegro- es una delicada invención a dos voces, de una ligereza casi neoclásica. El Díptico I, la Suite para piano op.1 y el Concertino para piano y orquesta de cámara, no fueron incluidas en la integral de las obras completas para piano de Joaquim Homs que editó Marco Polo (8.225099, 8.225236, 8.225294), por lo que el presente disco es un excelente complemento a aquella integral.

Jordi Masó
(Julio 2006)

(Texto para el librito del disco "Joaquim Homs: Chamber orchestra music", Naxos)

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